Y con ustedes Jimmy Fallon




 


El miércoles 8 de agosto del año 2018, mi hijo y yo entramos en el estudio 6B de NBC en el Rockefeller Center. Sentados en la última fila esperamos poco tiempo antes de escuchar “And now here is your host: Jimmy Fallon”. The Roots comenzó a tocar la introducción y, al abrirse el telón, al fondo del estudio, Fallon salió sonriente con su trote juvenil y soltó su “Welcome, welcome, welcome to The Tonight Show”.

 

Sólo son ocho horas en carro desde nuestra casa a la Gran Manzana; así es, una mínima distancia considerando su indudable atractivo. Independientemente de cuantos rascacielos hayan pasado por nuestra vista o cuanto concreto hayamos respirado, Nueva York siempre tiene un encanto de metrópolis cosmopolita que es avasallante y a la vez abrumador.

 

Por mi trabajo debo ir dos días a la semana a Toronto, no es un viaje largo, apenas cuarenta minutos en tren y estoy en el centro de la ciudad, a tres cuadras de la oficina. Toronto es lo que algunos llaman un Nueva York amable. Tiene todo lo necesario en menor cantidad, pero sobre todo, tiene menos gente y en general están de buen humor, lo que es muy diferente a los neoyorkinos. Es por esto por lo que yo cada semana obtengo mi dosis de rascacielos, tráfico, personas apuradas, corbatas, abrigos negros y trenes; y es por eso por lo que un viaje a Nueva York puede resultarme agotador antes de comenzar.

 

Para mi esposa e hijos Nueva York es Nueva York y mi cuento de que Toronto se le parece o mi historia del concreto es uno de esos cuentos del viejo que entran por un oído y salen por otro sin relevancia alguna. Mi familia pretendió motivarme diciendo que en el verano es mucho más fácil manejar y también es más cómodo caminar en la ciudad, aunque fue por demás innecesario, ya que la mayoría estaba determinada a verme manejando a la Gran Manzana.

 

En el año 2013, Jimmy Fallon sucede a Jay Leno en la conducción de The Tonight Show, un programa que ha estado en el aire desde 1954 y ha sido conducido por el icono de los late-night shows, Johnny Carson. No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que lo vi, pero lo que sí puedo asegurar es que verlo entrar al escenario, la manera en que saluda al público, a los músicos y cómo conversa con sus invitados, además de los chistes, me dejaron altamente cautivado y comencé a seguirlo noche a noche.

 

En ese momento ya habíamos cumplido cuatro años de haber llegado a Canadá buscando alternativas de vida, pues la situación en Venezuela se tornaba cada vez más difícil y peligrosa. Como inmigrantes había sido difícil recuperar el nivel profesional y los ahorros habían quedado esparcidos en simulaciones de estabilidad y disfrute. Los trabajos que conseguía eran de corto plazo e igualmente corto era el salario. En esa época yo trabajaba en los patios de FORD, conducía los carros que salían de la planta a los vagones del tren que los transportaba fuera del país. Era salario mínimo, mucho frío y con un horario de once de la noche a siete de la mañana. Pasaba por una época en que las variables para aceptar un trabajo eran muy pocas… en realidad no había variables, la ecuación era sencilla: me llamaban para lo que fuera y yo iba sin falta.

 

Aún conservaba el mismo noble y fiel traje azul marino que había traído de Venezuela. A pesar de los años, seguía luciendo su original clase italiana y con orgullo se paseaba por todos los eventos que fuese necesario: bodas, bautizos, graduaciones, primera comunión, entierros y, con frecuencia, entrevistas de trabajo. En noviembre de 2015 me llamaron a una en un banco después de muchos intentos fallidos y fue en ese momento que, en un arranque de lucidez desleal al saldo de mi cuenta bancaria, decidí que era hora de comprar un traje y tenía que ser uno como los de Jimmy Fallon. Era hora de romper la cadena de entrevistas fallidas y de dar el gran golpe. Me armé de valor y me fui a Banana Republic y allí lo encontré. Honestamente, yo no creo que Fallon los compre en esa tienda, pero desde mi perspectiva económica lucía idéntico. Ah, y no sólo compré el traje, también compré la corbata. Le dije a mi esposa mi plan y estuvo de acuerdo, pero no compartió totalmente conmigo que yo, en ese plan maestro iría a mi entrevista y esperaría una semana a que me llamaran; si tal cosa no ocurría, entonces devolvería el traje y así recuperaría mi dinero… y mi desesperanza. Mi amable esposa me impidió ferozmente devolverlo y cuando me lo arrancó de las manos me dijo, “¿Y si sí te llaman después de una semana?”.

 

La entrevista fue agendada el 20 de noviembre. Todavía puedo recordar como bajé del tren con mi Fallon Style, un poco ajustado en las piernas para mi costumbre o estilo previo y tan angosto en la bota que se me veían las medias, algo que yo consideraba ridículo cuando veía a alguien así, pero ya yo no era el mismo. Me recuerdo caminando con las manos en los bolsillos y sonriendo a mi público de las calles de Toronto al tiempo que sonaba The Roots en el fondo. La entrevista fue perfecta y a los pocos días me notificaron que había sido seleccionado para la posición.

 

Fue a las dos de la tarde de un jueves que me llamaron. Ese día estaba haciendo horas extras, había comenzado mi turno a las once de la noche y todavía me quedaba una hora más. Esa llamada para confirmar mi aceptación de la posición fue un instante sublime que requería una respuesta por demás elocuente de mi parte, pero sólo alcancé a dar una confirmación simple y parca, aunque por dentro yo escuchaban Las Sardinas de Naiguatá. Cuando pude regresar a mi realidad, me percaté de que detrás de mí estaban todos mis compañeros esperando que yo moviera el carro para ellos sacar el suyo, pero nadie dijo nada; algo había en al ambiente que les decía que bien valía la pena esperar. Así conseguí el empleo que me sacó de los suburbios del empleo temporal después de dos años de convivencia forzada y me catapultó a las oficinas de Scotiabank.

 

Luego de tres años de regocijo laboral, nos fuimos a Nueva York. Llegamos la tarde del lunes 6 de agosto a un hotel situado en el corazón de Broadway. La cantidad de gente que había en el lobby era indescriptible: toda el área estaba repleta de desesperados turistas. Afuera en la calle era la misma densidad, pero con mucho calor, así que me relajé en aquel lobby recordando a Sinatra y así, tarareando algunas canciones, pude llegar a la habitación sin mayores quebrantos.

 

En verano, las temperaturas suelen ser extremas, salir a la calle a enfrentar el calor y la marea humana era retador para mí. No obstante, arrastrado por el ímpetu de la familia, nos fuimos a sudar a Times Square. Como siempre,nos recibieron las pantallas de luces mostrando publicidades, las marquesinas anunciando los musicales y esa luminosidad sin rubor que se podía respirar en la calle.

 

En la ruta de regreso al hotel pasamos frente al Rockefeller Center, mi esposa me preguntó qué había pasado con la visita a Jimmy Fallon que tanto había deseado y le dije que no había posibilidad, la entrada era por sorteo y ya estaban cubiertas las plazas por meses. Como si le hubiera estado hablando al viento, ella me dejó y se fue caminando a la entrada del edificio. Allá le dijo al vigilante que ella había viajado desde Canadá con el fin de ver a Jimmy Fallon y que necesitaba saber qué era lo que tenía que hacer. El buen hombre le dijo que en la parte trasera del edificio, en la W 50st, se hacía una fila todas las mañanas con personas candidatas a llenar los asientos vacíos por inasistencias. Había que estar allí a las siete de la mañana o antes. Mi hijo pequeño no podía entrar al show y mi esposa aceptó voluntariamente quedarse con él; así que a la mañana siguiente arrastré a mi hijo mayor de la cama y nos fuimos a NBC.

 

La cola no estaba muy larga, pero igual el nivel de ansiedad se disparaba cada segundo, no hay nada más nervioso que un venezolano haciendo cola. Finalmente llegó una muchacha con uniforme de NBC y sonrisa ligera, y nos dio un ticket con la posición en la fila. Le pregunté con la emoción dibujada en el rostro sí había chance de entrar y la sonrisa ligera pasó al siguiente en la fila y yo asumí que eso se podía traducir en un, “Pues claro que sí”.

 

Teníamos que regresar a las tres de la tarde y así lo hicimos. Nos pasaron a un salón ordenados por número y allí había alrededor de sesenta personas. Mientras esperábamos que llegara la hora de cerrar la entrada de los que habían concursado, había una especie de pre-show para los que esperábamos. Un host hacía preguntas a la gente, comentaba las respuestas y decía chistes. Después de media hora nos dijeron que lamentablemente solo veintiún personas podrían entrar esa noche y ¡nosotros éramos los números 17 y 18! Nos llevaron en ascensor al piso seis donde se encuentra el estudio 6B y allí nos encontramos con todos los que íbamos a formar la categoría público esa noche. En el 6B había otro host que conversaba, hacía chistes, contaba historias del show y respondía preguntas. En una de esas mi hijo levantó la mano y para mi sorpresa escuché cuando le preguntó, “What’s your job description?”. Eso ocasionó muchas risas y el host aprovechó para contar cómo había llegado a ocupar esa posición y siguió haciendo chistes.


Y con ustedes, Jimmy Fallon; esa fue la entrada tantas veces escuchada en la televisión, pero esta vez estábamos allí aplaudiendo y viéndolo de cerca. Lo más significativo de estar allí era constatar cómo Fallon se comportaba de la misma manera fuera de cámaras. Durante los comerciales, hablaba con los productores, los invitados, los managers y siempre con la misma cordialidad y caballerosidad que mostraba frente a las cámaras y eso me dejó altamente complacido. Después de finalizado el programa, Jimmy subió saludar, hubo personas que le preguntaron sí le podían dar un abrazo y él con total naturalidad les decía que por supuesto. Allí estuvimos quizás unos treinta minutos más con Fallon pasando y saludando, dando abrazos, contando anécdotas. Fue una maravillosa experiencia y sin duda que me hubiera encantado ver su sonrisa si le hubiera contado mi historia de como conseguí mi trabajo.





Jimmy Rodriguez

Caracas, 1959. 
Es ingenerio en computación.
Actualmente vive en la ciudad de Toronto, Canadá.


Comentarios

  1. Excelente!! Disfruté mucho esta lecture.

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  2. Excelente historia. De verdad que casi que la viví con ustedes. Gracias por compartirla. Saludos.

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  3. Inspiradora narración, una muestra más de lo duro pero gratificante que son los nuevos comienzos. Gracias por contarlo Jimmy!

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  4. Talento, tenacidad, constancia y sobre todo... humor en las buenas y en las no tan buenas....Tu familia y tu son ejemplo de historias exitosas de venezolanos en el exterior !!! Te felicito Jimmy!!! 👏👏👏

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  5. Me quito el sombrero querido amigo. Excelente historia!

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  6. Jimmy, que linda historia. conociéndote desde el Jesús Obrero y el IUT, se que si hay gente que merecen ser exitosos son tu y tu bella familia. Historias de superacion como la tuya, con detalles que no compartes aquí pero que los que te conocemos bien sabemos demuestran esa actitud que los americanos definen como "can do" o "never ever give-up" y que transmites en este artículo, y que siempre te ha acompañado.
    Te envío un muy fuerte abrazo.

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